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La medicina estética es, como ya os imagináis, mi pasión. Por ello en este artículo os voy a hablar de los beneficios que tiene para la salud, porque es de las cosas que más satisfacción personal me producen en mi trabajo, sobre todo cada vez que veo a mis pacientes sonreír satisfechos cuando se miran en el espejo.

De hecho, como plantea la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), esta disciplina médica tiene como objetivo primordial mejorar el aspecto físico y ayudar a resolver posibles problemas psicológicos del paciente, y a diario compruebo, con alegría, que lo conseguimos. De esa forma, la medicina estética no persigue simplemente la belleza y la exaltación de esta, sino también aportar un bienestar general y anímico a las personas a través de procedimientos seguros.

Un medio para aumentar la autoestima

El físico es parte de la identidad personal de cada individuo, por lo que, en buena medida, nuestra autoestima está ligada a él. En el momento en el que una persona no se siente a gusto con su cuerpo, pueden aparecer problemas psicológicos que afectan al desarrollo de su vida cotidiana, especialmente en un contexto social en el que la apariencia es determinante en muchas situaciones. La medicina estética ayuda a paliar ese malestar psíquico corrigiendo las imperfecciones físicas que nos incomodan y contribuyendo, por tanto, a un beneficio emocional del paciente. De hecho —según un estudio realizado en 2016 por Allergan—, cuatro de cada diez mujeres se aplican tratamientos estéticos para aumentar la confianza personal. Lo mismo está ocurriendo con los hombres.

Por otra parte, la evolución de nuestros procedimientos ha permitido que los pacientes vean en nuestras técnicas un medio para conseguir una belleza natural y no efectos artificiales, un miedo que existía en el pasado. Se consigue, así, fortalecer la autoestima y la seguridad individual, con sus consecuentes beneficios en el ámbito laboral, personal y en el sentimental, pues habrán desaparecido los complejos que impiden estar bien consigo mismo y, por ende, con otras personas. Vernos bien nos ayuda a sentirnos bien.

La profesionalidad, esencial a la hora de elegir la clínica idónea

Un diagnóstico que tiene en cuenta las necesidades y las condiciones de cada paciente es fundamental, así como acudir a una clínica con médicos expertos acreditados, en la que se empleen productos de la máxima calidad y de última generación. Tratamientos —como el uso de la toxina botulínica o el ácido hialurónico, un carbohidrato presente de forma natural en el organismo— son totalmente seguros a corto y largo plazo, tal y como lo acreditan diferentes estudios clínicos en medios científicos, siempre y cuando sean realizados por médicos especialistas y con experiencia.

En definitiva, los tratamientos estéticos, que se engloban en la ciencia de la medicina, han evolucionado hasta hacer posible una belleza natural y mejorar la salud del paciente en su conjunto, el bienestar físico y psíquico que repercute en beneficios emocionales y que se extiende a las relaciones personales, sociales y laborales, mejorando sustancialmente la vida de quienes se dejan atender por médicos especialistas.

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