Las manos de todos y todas las asistentes se deslizan rápidamente tomando notas sobre el papel. Algunos escriben directamente en el ordenador. La Dra. Cristina Villanueva, de manera natural, está dando una clase magistral. Técnica, calidad de los productos y su respuesta, anatomía de la cara, valoración del resultado, pacientes (algunos difíciles), sus expectativas, información que debe darse al paciente antes del tratamiento, efectos secundarios que podemos esperar en cada zona, etc. La Dra. Villanueva nos ofrece una visión global del día a día de los médicos especialistas en estética, y a la vez pormenoriza con mucho detalle para ofrecer respuestas válidas a las dificultades con las que tienen que lidiar los médicos. Ella, que es una auténtica referencia, pionera en nuestro país y en el extranjero en el uso del bótox.

Esta periodista que asiste a la sesión queda maravillada y sorprendida del nivel de información que generosamente ofrece la Dra. Villanueva. Tiene mucho de conocimiento anatómico, sensibilidad por la belleza y equilibrio, aupados por una enorme experiencia; de manera que, escuchar las soluciones que ella misma ha encontrado a cada una de las situaciones complejas es un auténtico lujo. Miramos las fotografías que nos ha incluido en su presentación y que, simplemente, concretan en un rostro, las explicaciones técnicas que nos da.

Es en ese momento que me doy cuenta de que los asistentes a la clase de la Dra. Villanueva también son médicos y médicas. Se diría por la cantidad de apuntes que toman que son ajenos a la profesión o periodistas, como quien estas líneas escribe. Pero, en realidad, es justamente lo contrario. Lo apuntan todo, porque ellos saben con qué dificultades tienen que trabajar,  y en esta sesión encuentran muchas respuestas a temas tan distintos como  saber gestionar las expectativas de pacientes que se han tratado en otros centros con malos resultados, tratar caras asimétricas, la calidad de la piel y su respuesta, la gestión  de los comentarios de las “amigas” que también se tratan, la información que previamente al tratamiento hay que dar a los pacientes… y de manera más técnica escucho también cuestiones referidas a la sonrisa gingival, al depresor del ángulo de la boca, las arrugas peribucales, el masetero, los efectos secundarios que podemos esperar en cada tercio del rostro, etc. Cuando las explicaciones terminen, la Dra. Villanueva pasará a la acción. Un paciente/médico en la camilla, una cámara apuntando el rostro y la imagen ampliada en la pantalla corroboran todo lo que hemos oído anteriormente.

Dos horas después del inicio de la sesión, podremos tomar un café, un zumo y alguna pasta. Descansamos. Vamos, quien debería descansar es la Dra. Villanueva, que al inicio de la sesión ha dicho aquello de que los tratamientos rejuvenecedores deben partir de la idea de “que se note, pero que no se note”. Es decir, en la expresión del rostro, la naturalidad es su máxima. Y yo pienso, bueno, como la sesión que nos acaba de dar: un montón de información, que podría repartirse en un máster entero y, en cambio, lo ha hecho tan fácil, de tanta calidad y de manera tan natural, que en realidad parecería que la propia sesión ha sido una clase donde la Dra. Villanueva ha dominado el arte de “que se note, pero no se note”. Las carpetas están llenas a rebosar. Las sonrisas de los asistentes son amplias. Aquí y allá una conversación corta preguntando a la doctora cómo resuelve ella esa dificultad o aquella en la consulta, que los médicos no se atreven a comentar en voz alta ni a sus colegas. Claro que se nota.

Silvia Cóppulo

Periodista

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